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UN ÁRBOL Colegio Guadalajara

6-septiembre-2016
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UN ÁRBOL


 


Brillantes hojas verdes que  se sostienen de agradables ramas largas y flacas como el palito de un caramelo; un tronco rugoso y de un café tan amable que dan ganas de abrazarlo. Al entrar a la escuela eso fue lo primero que vieron mis ojos, y al rodearlo un poco pude ver como sus ramas formaban un corazón justo en el centro de su follaje; manchas esmeraldas y marrones que se combinan para expresar eso de lo que está hecho el árbol: un corazón que se une a la escuela, que se une al planeta y que se une a los corazones de todos los estudiantes.


A veces me pregunto si el árbol no lo habrá hecho a propósito. Lo veo diario, doy vueltas y vueltas alrededor suyo y no logro adivinar el secreto de su forma, sin embargo, ante mi curiosidad, el árbol no se oculta, más bien me sonríe y me desvela aún más la forma de su verdadera esencia, son tan claras las curvas de sus ramas que no hay duda alguna: es esa figura tan conocida por todos, tan amada y tan odiada a la vez que es difícil encontrar su verdadera esencia. Hay algunos que ni siquiera la han descubierto, y que viven tan miserables como corta es su conciencia.


En verdad, hay veces que no puedo creerlo. De inglés a matemáticas, de teatro a literatura, no logro comprender como es que nadie más se da cuenta de su forma, de lo que nos quiere decir, de lo que nos quiere hacer sentir ¡Está ahí! Amable y tranquilo, como es casi imposible sentirse en un día de clases cotidiano. Trata de hablarnos, de alcanzarnos, pero lo perdemos en un ir y venir de papeles y ruido. Él no necesita ruido, lo desdeña, lo ignora, él quiere que lo veamos y que al hacerlo nos demos cuenta de que todo está bien, todos estamos conectados, y él está ahí para cuidarnos.


Y al final, pasan las generaciones, pasan los días y los años y él sigue en ese lugar mostrando su esencia a todo aquel que quiera verla. Me pregunto… ¿cuánto tiempo lleva esperando? Y si alguien más aparte de mí lo ha visto como realmente es: una expresión de amor de la tierra que decidió acompañarnos a lo largo de nuestras clases.  Incluso en invierno, cuando ha perdido todas sus hojas, su esencia sigue ahí, para volver a renacer en primavera. Los pájaros lo saben, el viento lo sabe, ¡¡yo lo sé!!... ¿por qué los demás no?


Es triste, pero real. El árbol se siente parte del colegio, pero nadie lo sabe, porque nadie ha visto el simple corazón que forman sus ramas, un corazón abierto al cielo, un corazón igual al de todos nosotros, un corazón que palpita al ritmo de nuestras vidas, un corazón de árbol que se ha vuelto parte del mío.


 


Flor Zaragoza. Alumna de 3°B del Colegio Guadalajara.




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