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¿POR QUÉ BUSCAR LA CALIDAD ACADÉMICA? - CEDI

19-enero-2017
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¿POR QUÉ BUSCAR LA CALIDAD ACADÉMICA?


 


Suena hasta a obviedad que quienes trabajamos en las escuelas (y hablando especialmente de los directores), debemos buscar siempre la calidad académica en nuestros estudiantes. Sin embargo, desde hace algún tiempo nos enfrentamos a varios obstáculos –tanto visibles como, en ocasiones, muy velados- que parecen dificultar, y hasta oponerse, a la búsqueda de la calidad académica.


Uno de estos obstáculos lo constituye, sin duda, el sistema educativo en sí mismo. De un tiempo a la fecha los objetivos de las instituciones de gobierno (SEP, SEJ) han sido más cuantitativos que cualitativos (menor deserción, menor reprobación, mayor aceptación en las universidades, más matrícula en las preparatorias públicas), cuestiones que para lograrse no necesariamente pasan por la elevación de la calidad académica, entendida ésta de manera sucinta como la preparación curricular y humana con la que egresa el estudiante de preparatoria y que le permite acceder satisfactoriamente al nivel de educación superior. Sin necesidad de profundizar, también ciertos requerimientos de las autoridades –sobre todo recientemente- hacen que los directivos tengamos que ocupar nuestro tiempo en aspectos eminentemente administrativos en lugar de los académicos.


Otro obstáculo importante lo constituyen las falsas expectativas de los actores sociales hacia la labor de la escuela. Las empresas esperan egresados bien preparados para el mundo laboral; los padres de familia esperan hijos educados en aspectos académicos y formados en aspectos humanos y de valores; y los alumnos esperan clases divertidas, significativas y no demasiado fáciles pero tampoco demasiado difíciles. Todos ellos esperan profesores altamente preparados en su materia y en didáctica, motivados y amables, así como directores siempre disponibles para escuchar problemas, comprensivos y flexibles. Nada de esto estaría mal, si no fuera porque, de un tiempo para acá, impera en nuestra sociedad la ley del mínimo esfuerzo, y entonces todos –empresas, padres de familia, alumnos, profesores y directores- queremos obtener éxitos sin invertir demasiado esfuerzo. No podemos culpar a nadie de estos cambios, pero debemos ser conscientes de que se cosecha exclusivamente lo que se siembra, porque así es la ley de la vida. Al final, no se obtiene más de lo que se ha merecido.


Como último obstáculo expuesto aquí –definitivamente existen muchos más- están las características de las nuevas generaciones. Pretendiendo adaptarnos cada vez más a los alumnos de la generación X, y luego a los milennials,  y luego a los centennials, y en algún momento entre ellos a los “nativos digitales”, nos hemos ido moviendo de nuestros objetivos originales y quizá hemos perdido de vista que no todo es adecuarse a los educandos, sino que hay que aspirar a un propósito más elevado, a un ideal educativo, sin el cual estaríamos huérfanos de metas. 


Y existe la necesidad de enfrentar estos obstáculos porque, quizá hoy más que nunca en la historia, se impone la necesidad de que nuestros alumnos sean –parafraseando una famosa frase- lo mejor que pueden ser. El complicado contexto internacional lo exige: no podemos seguir dependiendo económicamente de los caprichos de un país que, por más vecino nuestro que sea, parece que dicta nuestros destinos más de lo que estamos dispuestos a admitir. Pero no podremos sacudirnos esa dependencia si no formamos jóvenes críticos, reflexivos, propositivos, innovadores, creativos, poseedores de un pensamiento lógico, honestos y comprometidos con la mejora de su contexto.


El contexto nacional tampoco es sencillo. Todos los días escuchamos acerca de la corrupción, de la inseguridad, de la violación sistemática de las leyes, de la impunidad y, cuando bien nos va, de la falta de sensibilidad de nuestras autoridades. Pero como ciudadanos, si no tuvimos esa preparación escolar que nos permite entender lo que ocurre a nuestro alrededor, si nunca nos enseñaron a criticar al mismo tiempo que proponíamos soluciones, si nunca aprendimos a conocer y a respetar las leyes que nos rigen, en fin, si no obtuvimos esa calidad en nuestra educación, simplemente estamos y seguiremos siendo comparsas de los problemas que nos aquejan. No podemos mejorar si no entendemos el mundo, y para hacer esto se requiere preparación.


Por último, y a manera de conclusión, tenemos lo que sucede en el nivel “micro”. La valoración de la calidad académica empieza desde la casa y desde la familia. Si los padres valoran la formación académica y cultural de sus hijos, y hacen manifiesta esta valoración, es lógico que los hijos busquen la excelencia en todos los aspectos de su vida, incluyendo su desempeño académico, y por el contrario, si lo que ve en casa es la búsqueda de reconocimiento sin trabajo, la trampa, la deshonestidad y la ley del mínimo esfuerzo, entonces será lógico que los hijos sigan este modelo en su vida adulta. Por ellos, por las nuevas generaciones, y por el futuro de nuestro país, es que hoy, más que nunca, se vuelve imprescindible educar con calidad. Ese es uno de los grandes retos del director de preparatoria del siglo XXI.


 


Lic. David Ramírez López


Director


Preparatoria CEDI

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