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Padres de familia

Padres de Familia alfareros

25-abril-2016
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Padres de Familia alfareros


“Quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur1” Así reza el viejo adagio


latino de Santo Tomás: Algo se recibe al modo (medida) del recipiente que lo recibe. En


palabras y sencillas sería “El agua toma la forma del vaso”. Aplicado al ámbito de la


educación, podemos hacer la misma afirmación: siempre será buena la formación que se les


dé a los alumnos dentro y fuera del aula, pero, los alumnos, como recipientes, la recibirán y


Aquí el punto es el recipiente (alumno) que se va formando o deformando en casa,


porque la educación en primer lugar se da en casa, como lo menciona el documento


Gravissimum Educationis # 3 “Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, están


gravemente obligados a la educación de la prole y, por tanto, ellos son los primeros y


principales educadores. Este deber de la educación familiar es de tanta trascendencia que,


cuando falta, difícilmente puede suplirse. Es, pues, obligación de los padres formar un


ambiente familiar animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres, que


favorezca la educación íntegra personal y social de los hijos. La familia es, por tanto, la


primera escuela de las virtudes sociales, de las que todas las sociedades necesitan…2”


Es pues, compromiso de los padres de familia adecuar el receptáculo que en


segundo momento se seguirá forjando en la sociedad, en especial en la escuela. De forma


que se cumple lo que dijo en una ocasión el ex presidente de Uruguay José Mujica: “En la


casa se aprende a: Saludar, dar gracias, ser limpio, ser honesto, ser puntual, ser correcto,


hablar bien, no decir groserías, respetar a los semejantes y a los no tan semejantes, ser


solidario, comer con la boca cerrada, no robar, no mentir, cuidar la propiedad y la


propiedad ajena, ser organizado. En la escuela se aprende: Matemáticas, lenguaje,


ciencias, estudios sociales, inglés, geometría y se refuerzan los valores que los padres y


madres han inculcado en sus hijos”. Por eso, exhortamos a los padres de familia que tomen


el compromiso de ser los principales educadores y formadores de los jóvenes y no dejemos


a que la escuela enseñe lo que debieron aprender en el hogar.


De lo anterior podemos deducir que la formación y educación de los niños,


adolescentes y jóvenes, es una acción colaborativa hacia un mismo fin. Podemos decir que


los alumnos son el barro, los padres de familia son los alfareros que moldean el barro y los


centros educativos son los hornos que a fuego lento van dando cocimiento del barro


moldeado en casa. El punto es que cada uno de los participantes tome en cuenta su rol y lo


desempeñe como es debido, de otra forma, los alumnos el día de mañana serán recipientes


que no puedan contener lo suficiente para mejorar la sociedad. Pero, si los padres de familia


y los maestros tomamos nuestro compromiso, podremos decirle a los jóvenes como el


Redentor a Lázaro. ¡Levántate y anda!


Lic. Eduardo Avila Lozano.


Profesor de Teología y Etimologías del Bachillerato Primero de Mayo.


1 Summa Theologiae, 1a, q. 75, a. 5; 3a, q. 5.


2 http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-


ii_decl_19651028_gravissimum-educationis_sp.html (consultado 28 de marzo de 2016)

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