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Our Generation ¿Egoísmo o generosidad? - BPA

11-febrero-2017
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Our Generation


¿Egoísmo o generosidad?


Actualmente vivimos en una sociedad muy peculiar, una sociedad que se dice de lo más


comunicada, pero que evita los encuentros cara a cara, una sociedad que se dice consciente de


la problemática actual, pero no propone soluciones. Una sociedad donde el ocio es dueño del


tiempo, pero no se hable de temas realmente importantes porque entonces nuestro tiempo vale


oro, esa es la sociedad que hemos heredado pero también propiciado, de la que somos


esclavos y a la vez constructores.


Somos una generación que nació y creció con la tecnología y la globalización, somos esa


generación que tiene todo el conocimiento al alcance de su mano, pero lo ignora, por flojera a


estirarla. Podríamos ser políglotas pero en vez de eso preferimos estar atados a Google


Traductor; podríamos crear contenidos grandiosos pero optamos por consumirlos y enriquecer a


alguien más. Somos la generación que sucedió a los grandes genios de los garajes pero por lo


visto creemos que nunca morirán y no estamos dispuestos a continuar su legado.


Somos una generación que vive pegada a los celulares y especialmente a las redes sociales,


estas últimas son utilizadas para lo impensable, hacernos antisociales, porque por lo visto


siempre habrá alguien más interesante fuera del cuarto que dentro de él, también nos hicieron


creer que nuestra voz valía y era escuchada, pero a final de cuentas fue callada por el enorme


mar de voces.


Somos una generación que se la ha pasado creyendo falsamente que todo pasará por arte de


magia, pero no ha logrado poner los pies en el suelo, que piensa que será rica y exitosa pero


nunca piensa en la manera en que lo logrará, porque a final de cuentas ¿A quién le importa el


camino si lo que cuenta es el destino? Soñamos con un gran trabajo mas no con un gran


esfuerzo. A final de cuentas somos alérgicos a las relaciones laborales recíprocas.


Somos una generación malinchista, preferimos lo extranjero a los mexicano, porque a final de


cuentas Cristiano Ronaldo nunca ha usado huaraches, educamos a nuestro paladar según


marcas y no sabores, y juzgamos no solo libros, sino personas por su portada.


Somos una generación de borregos, que a pesar de tener las mejores ideas y la mente más


creativa, prefiere seguir al rebaño con tal de encajar y no ser excluido, tal vez por eso


admiramos a ciertas personas que no se conformaron, que se atrevieron a pensar fuera de la


caja, que creyeron que no siempre se muere de hambre cuando te dedicas a lo que te gusta a


pesar de que todos crean lo contrario, “que estuvieron lo sufrientemente locas como para creer


que podían cambiar el mundo”.


Y aun peor, somos una generación indiferente, que no está dispuesta a mirar por encima de su


pantalla o sus problemas, que a pesar de tener acceso a los problemas que aquejan al mundo


los evita o simplemente aprieta el botón de ignorar; hemos dejado de ser humanos o por lo


menos ver la humanidad en otros, nos hemos acostumbrado a cifras y no a seres.


Es por eso que al final de esta reflexión solo nos quedan dos alternativas, la primera es no


hacer nada, seguir igual, no arriesgarse, ser ilusos, conformarse y seguir siendo ajenos a todo


aquello fuera de nuestros propios intereses. La otra vía consiste en hacer algo (no importa si es


grande o pequeño), arriesgarnos, llevar nuestros sueños a la realidad, decir NO cuando es


necesario y ver que los demás también tienen sueños, pasiones y necesitan ayuda de vez en


cuando. Preguntarnos, ¿egoísmo o generosidad?


Rafael Alfonso Rangel Beltrán


Alumno de segundo semestre del Bachillerato Pedro Arrupe, SJ.

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