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La música, ¿asignatura de relleno?

21-junio-2016
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La música, ¿asignatura de relleno?


 


Innumerables son las posturas en relación a la música como una asignatura en la educación media superior. Tan diversas que resulta muy complicado atreverse a dar una conclusión terminante. A través de este artículo expondré una tesis basada en la experiencia propia y de los resultados no sólo artísticos que he observado en los alumnos del Instituto América de Guadalajara A. C.


La música como es una disciplina que requiere y  desarrolla en quien la aprende y ejerce, habilidades que sólo con otras disciplinas, paradójicamente, se logran; por lo que inicialmente podemos decir que la música es una de las disciplinas más completas en cuanto al desarrollo de habilidades y competencias. Pero ¿en qué se basa esta postura? Existen muchos estudios realizados sobre el comportamiento y el desarrollo cerebral de los músicos que arrojan resultados sorprendentes y demuestran los beneficios de la música tanto en un nivel intelectual como físico. Ya de por sí, escuchar música tiene efectos en los estados de ánimo, los recuerdos, la concentración e incluso en la presión sanguínea y el rendimiento físico; pero, al ser interpretada, intervienen muchos más factores y más partes de nuestro cerebro.


Nuestro cerebro está dividido en dos hemisferios, uno se encarga del procesamiento lógico-matemático, mientras que el otro trata las cuestiones de la sensibilidad y la creatividad. Entonces la música requiere del manejo lógico y matemático relacionado con el tiempo y la estructura de las obras, las distancias sonoras, el ordenamiento y secuenciación de sonidos bien identificados y, al mismo tiempo, necesita de la creatividad para mezclar sonidos que se traduzcan en sensaciones e imágenes mentales que expresen las emociones del ejecutante en un contexto social e histórico. Exige el trabajo de ambos hemisferios al mismo tiempo.


Este proceso no lo hace ninguna otra actividad en la vida. Las labores más aproximadas pueden usar los dos hemisferios, pero en momentos diferentes del proceso de creación. Es entonces que practicar música desarrolla en el cerebro la región llamada cuerpo calloso, que es el enlace de conexión entre ambos hemisferios, además de desarrollar de por sí cada hemisferio con sus labores específicas. De este modo, un cuerpo calloso bien fortalecido y ensanchado implica un mayor número de conexiones neuronales, lo que se traduce en: un cerebro ágil, una capacidad de concentración, retención, análisis, relación, discernimiento, crítica y creatividad muy por encima de la media.


 Además de lo dicho antes, podríamos añadir las virtudes que desarrolla la enseñanza y práctica musical tales como el compañerismo, la disciplina, la tenacidad, la paciencia, la tolerancia y dedicación; si todavía sumamos la experiencia que resulta de presentarse en algún concierto ante un público, podemos añadir a las características del individuo: valentía, decisión, seguridad, autoestima  y control emocional.


Entonces, ¿la música es un simple relleno? En mi opinión, su enseñanza representa el eje de la balanza que une todos los conocimientos de los alumnos y su capacidad intelectual de interpretarlos y utilizarlos, ya que es como el ejercicio gimnástico que articula el uso total del cerebro en una interconexión que sólo ella puede crear; un alumno dedicado a la música tendrá entonces mayor capacidad de relacionar conceptos transversalmente y, sobre todo, utilizarlos en las situaciones que más le convenga, por lo tanto, me atrevería a denominar a la música como “la asignatura transversal por excelencia”.


Saliéndonos de todo este contexto teórico, es importante analizar si las ideas expuestas son verídicas en nuestros alumnos, aquí aparece mi experiencia personal como profesor. En el Instituto América de Guadalajara, como en todos, hay alumnos sobresalientes, promedios y con poco o mucho rezago.


Normalmente los alumnos que están catalogados como de bajo promedio o con problemas de disciplina muestran mayor inquietud hacia la música o el deporte, por lo que es común escuchar que alumnos buenos o incluso sobresalientes en música son los más problemáticos en otras asignaturas. Una vez que estos alumnos comienzan un verdadero proceso de aprendizaje musical, ya sea por inclinarse a algún instrumento en particular o, bien, porque realmente encontraron una meta o reto musical que seguir, su actitud cambia radicalmente, su semblante adquiere una expresión concentrada como en una catarsis emocional donde sólo quieren dedicar su tiempo a la música.


Esto por supuesto, en primera instancia puede resultar contraproducente, pero ocurren dos situaciones: los alumnos que son además sobresalientes en otras asignaturas, no muestran este estado de catarsis, simplemente muestran una habilidad que es inherente a una costumbre educativa: “siempre han dedicado su esfuerzo al estudio”. Pero los alumnos de bajo promedio son los que presentan esta sintomatología que, paradójicamente, resulta productiva, ya que, en la relativa resignación de su situación escolar, más notas bajas no representan una novedad para los otros profesores.


 Lo que nadie sabe es que durante este proceso de enajenación con la música, el cerebro del alumno se está preparando para dar un salto sin precedentes en su vida. Las conexiones neuronales se están ajustando y su cerebro está trabajando como tal vez nunca lo había experimentado hasta que, súbitamente (visto así desde mis experiencias con alumnos), su mente se aclara y comienza a ver el mundo de forma distinta. Es este el momento en que su cerebro logra conectar sus hemisferios y comienza un proceso de desarrollo acelerado que ve un avance musical incomparablemente mayor al que tuvo antes de este momento.


 Del mismo modo, como si de un nuevo estudiante se tratase, las otras asignaturas comienzan a tener claridad y el alumno es capaz de responder con mayor eficiencia a estas. Claro está que “lo que no se aprendió no se sabe” por lo que, tal vez, el nuevo alumno no domine los contenidos de las otras asignaturas, pero sus habilidades cognitivas han crecido y su capacidad ante las tareas y actividades es la que muestra la diferencia.


De este modo, es como puedo reiterar que las habilidades desarrolladas por el aprendizaje musical son invaluables y, en definitiva, deberían integrarse de forma consistente y prioritaria a las asignaturas de la educación media superior y ¿por qué no? A la formación humana de todo individuo desde su temprana edad y para toda la vida.


Mtro. Juan  Salvador Parra Soledad


Instituto América de Guadalajara. A.C

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