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La formación de la espiritualidad en la escuela

21-junio-2016
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La formación de la espiritualidad en la escuela


Vivimos en un mundo de cambios vertiginosos con ruido constante, un consumismo materialista que nos absorbe y una tecnología que nos enajena de la realidad. Sin embargo también percibimos que las personas no se sienten alejadas del mundo espiritual, porque todo ser humano vive en su interior el anhelo constante de una relación con lo trascendente. Ante esta perspectiva quienes tenemos la hermosa misión de ayudar en la formación integral de niños y jóvenes, debemos configurar una escuela sensible a esta vivencia espiritual.


La sociedad en general aunada al mundo educativo en el pasado procuró una educación en valores porque se vio amenazada por un caos en la convivencia que, lejos de ser armónica y pacifica, sostuvo y sostiene en algunas esferas relaciones agresivas alejadas del bien común.


Nuestras autoridades educativas piden a las escuelas, a través de los programas oficiales y en los materiales del consejo técnico escolar, la omnipresencia de una educación emocional; nos solicita a los docentes que enfoquemos la atención en el contexto del alumno en todos sus ámbitos: “Una educación centrada en el alumno no centrada en el conocimiento y la razón”.


Ante lo ya expuesto hay una interrogante ¿Cuál es el enfoque de la sociedad del mañana? ¿No será formar una inteligencia espiritual? Quienes laboramos en las instituciones educativas y sabemos de la grandeza de esta misión, indudablemente somos conscientes que la formación de valores, la educación emocional y la inteligencia espiritual no tiene una época determinada en la formación del ser humano.


Una de las principales tareas de la escuela es formar la interioridad del alumno. Es necesario ofrecer a los alumnos un abanico de experiencias que les permita vivir con intensidad todos y cada uno de los elementos de su riqueza interior. No basta fijar la educación en valores en un “estoy bien / estoy mal”. También la formación de las emociones debe llevar al niño o joven a fortalecer una identidad sana, coherente, fecunda, y feliz cuando es capaz de relacionarse con sus semejantes y entorno en armonía.


Una invitación para que en nuestros centros escolares todo lo que se emprenda vaya iluminado por la fe, porque sin ella difícilmente el mundo, la vida y la persona misma tiene sentido. Formemos la interioridad de nuestros alumnos fortaleciendo su vida espiritual y es entonces cuando viviremos en una sociedad en donde el encuentro con el otro sea la paz.


 


Mtra. Patricia Villagrana Velázquez


Directora General del Instituto América 


 

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