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La educación en la era de la post-verdad - CEDI

19-enero-2017
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La educación en la era de la post-verdad


Adrián Vázquez-Pérez


“La información quiere ser libre…” reza el ideal de los hacktivistas citando a Stewart Brand, del cual rara vez se publica su cita completa: ”…La información también quiere ser costosa. Y esa tensión no va a desaparecer pronto.” Como ejemplo, basta pensar en que el billonario valor de Facebook reside en obtener sus contenidos de manera gratuita (generado y “donado” por sus usuarios) y mercar muy cara la información acerca de los usuarios mismos. Saber cuesta y saber vale.


El internet ha traído consigo una explosión de fenómenos culturales y sociales donde nuestros alumnos fungen como ciudadanos locales (civitas clásico) y también como ciudadanos globales (netizens). En esta aldea global digital, los alumnos generan contenidos (posts, tweets, fotos, etc.), toman, replican y distribuyen información que ellos consideran valiosa. El internet es el mercado de información dinámica más valioso, enorme e importante para nuestros alumnos (Hong, 2003).


Una parte de la educación es y será transmitir información. Otra, cada vez más enfatizada, es que el alumno aprenda a hacer algo con ella. Se exige que el actuar del profesor sea motivador/colaborador/diseñador del aprendizaje más que comunicador/evaluador/expositor de la enseñanza. Es decir: más tutor que tótem. Ante tal transición, es común olvidar que antes de utilizarla y aplicarla, el alumno debe seleccionar la información útil (valiosa) de la inútil. Es decir, no basta con tener acceso a la información para beneficiarse de ella. Aquí donde reside un reto educativo característico a nuestra coyuntura actual.


La información que encontramos en internet presenta serios problemas de veracidad y validez: En la red no siempre hay un editor, una primera réplica o filtro por lo que cualquier opinión o contenido, sustentado o no, lógico o no, puede presentarse como válida y completa. Además, la distribución de una noticia falsa o tendenciosa es instantánea y puede ser exponencial, ya que basta un “nodo” famoso o muy interconectado (los llamados “influencers”) para que se “viralice”. Incluyamos a esto los intereses particulares de empresas, gobiernos, asociaciones, las anécdotas y los comentarios viscerales (o “trolleo”) y tenemos escenario actual de la red: confusión, oposición, multiplicidad, ruido y ambivalencia.


Ante esta sobrecarga de información es fácil que el alumno decida que toda información parezca igualmente válida y cometa errores críticos tales como sesgo de confirmación (cherry picking o seleccionar sólo la información que le convenga), plagio (“estas pudieron ser mis palabras”), uso de información falsa, tendenciosa o sesgada y la difusión y la distribución de la misma (en ocasiones llevándola a las aulas). La red ha permitido que cualquier persona con suficiente tiempo y dedicación pueda elegir la información que le convenga a su punto de vista (su tesis) y respaldarla con “fuentes de internet”, sin importar si la realidad es coherente a esa aseveración o si la misma tiene sustento científico o racional: Se proclama una “verdad” que cumple con el requisito (académico, irónicamente) de citar al menos una fuente, sin importar si el dato es inventado, falso, sesgado, caduco o descontextualizado. A esto se le llama en la actualidad la Post-verdad (Oxford Dictionaries, 2016). Y hasta ciertos presidentes electos se basan en ella como modus operandi.


La distribución de la información falsa y la científica en Facebook ha sido el objeto de estudio científico de un grupo italiano (Del Vicario, 2016) concluyendo lo siguiente: “el consumo de información ... se relaciona a dos narrativas muy distintas: noticias científicas y teorías de conspiración… la exposición selectiva (énfasis del autor) … es el motor principal de la difusión de contenidos y genera la formación de tribus o racimos homogéneos conocidos como “cámaras de resonancia” … Encontramos que aunque los consumidores de ciencia y conspiraciones presentan patrones de consumos muy similares … su distribución dinámica difiere, los rumores de conspiración se asimilan más lentamente y muestran una relación positiva entre tiempo de vida en línea y su distribución entre las personas.” En resumen: al consumir información en línea, hay una clara tendencia a reproducir los contenidos que consideramos “válidos” en nuestro grupo social (es decir, se predica al coro) ya sean científicos o especulativos, y además existe un riesgo al distribuir estas conspiraciones, ya que a largo plazo se distribuye a más personas, generando una población más desinformada. Hay que preguntarse: ¿Qué queremos que hagan nuestros alumnos?


En nuestro papel de docentes, además de ejercer nuestra capacidad crítica y transmitir información válida, debemos desarrollar en el alumno la habilidad fundamental de seleccionar y usar correctamente la información con una aproximación de estrategias múltiples. Los profesores de ciencias básicas debemos enseñar habilidades de análisis y manejo honesto de datos, estadísticas, metodologías, probabilidades y validez de fuentes científicas. La filosofía, historia, ética, ciencias sociales pueden crear criterios de inclusión, oposición y selección de ideas/opiniones/versiones, apoyar la detección de falacias, inexactitudes y omisiones, reforzar la autocrítica e identificación de prejuicios y sesgos propios. La literatura y las artes a la exposición de ideas nuevas y al cuestionamiento de las mismas. La redacción a la construcción de argumentos e identificación de estructuras sintácticas confusas, chapuceras o tramposas. El desarrollo del pensamiento crítico necesariamente es una labor multidisciplinaria. Enseñar que la verdad no es un evento puntual o una meta, sino un proceso continuo definirá a los ciudadanos globales y su éxito en esta sociedad de la información.


 




 


Addendum:


Guía para leer y analizar noticias en línea por Steve Inskeep


1.- Tómate tu tiempo, para leerlo con calma y decidir si es válido.


2.- ¿Es tan escandaloso/extravagante como para no creerlo? Probablemente lo sea.


3.- ¿Es tan escandaloso/extravagante que sí lo crees? Cuidado, puede estar apelando a tus sesgos y creencias.


4.- ¿El titular corresponde con el contenido del artículo? Muchos no lo hacen (amarillismo).


5.- ¿El artículo corresponde con la fuente original? La redacción puede haber distorsionado el material original, busca la historia liga o artículo primario.


6.- ¿Las citas se encuentran contextualizadas? Busca los enunciados antes y después de lo citado para confirmar el contexto.


7.- ¿Hace aseveraciones sobre el futuro o especula las consecuencias? Es difícil hacer periodismo y asegurar algo sobre lo que no ha ocurrido.


8.- ¿Es un ataque evidente, malicioso o tendencioso hacia una persona, organización o credo? No es una noticia, es una opinión y un juicio.


9.- ¿Se basa en UN SOLO dato para justificar toda la argumentación? Buscar más datos sólo puede refutar o mejorar el argumento, hazlo.


10.- ¿Quién es el autor o la fuente? El conflicto de intereses o las fiiaciones de los autores ponen en evidencia sus sesgos.


11.- ¿Utiliza editores o verificación entre pares (peer reviewing)? Antes de publicarse, esto asegura que alguien independiente corroboró la información.


12.- ¿Apela a tu confianza? Confía, pero verifica y respalda con evidencia, la confianza no es argumento suficiente para sustentar una idea o postura.


13.- ¿Presenta un punto de vista diferente al del autor? Al presentar un contrargumento necesariamente mejora la calidad del argumento.


14.- Amplía tu menú. Consulta sitios y fuentes distintas a las que frecuentas para encontrar otros puntos de vista.


15.- Algunas noticias falsas se distribuyen honestamente. Alguna noticia, meme o historia falsa se colará y viralizará, y hay que aceptarlo.


16.- Si alguna persona, sitio, organización o medio de comunicación cumple con todo lo anterior, apóyalo y trata de que tenga mayor representatividad.


17.- Nunca dejes de buscar información.


Referencias:



  1. Hong, K.-S., Ridzuan, A. A., & Kuek, M.-K. (2003). Students' attitudes toward the use of the Internet for learning: A study at a university in Malaysia. Educational Technology & Society, 6(2), 45-49, (ISSN 1436-4522)

  2. Word of the Year 2016, Oxford Dictionaries, Diciembre2016, Liga: https://en.oxforddictionaries.com/word-of-the-year/word-of-the-year-2016 , Última visita: Diciembre 2016

  3. Del Vicario, M; Bessi, A.; Zollo, F.; Petroni, F.; Scala, A.; Caldarelli, G.;Stanley, E.; Quattrociochi, W., PNAS January 19, 2016 vol. 113 no. 3 554-559.

  4. Inskeep, Steve, “A Finder's Guide To Facts”, NPR Website, 11 Diciembre 2016, Visto en : http://www.npr.org/2016/12/11/505154631/a-finders-guide-to-facts. Ultima Vista: 30 de Diciembre 2016

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