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LA DISCIPLINA EN LA EDUCACIÓN

12-noviembre-2015
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LA DISCIPLINA EN LA EDUCACIÓN


3 de noviembre de 2015


Por: Psic. Claudia de la Mora Solís


 


La responsabilidad de la formación de niños y jóvenes recae principalmente en padres de familia


y docentes, quienes a través de la familia y la escuela ejercen su función educadora.


En la medida en la que el permisivismo reemplazó al autoritarismo los términos de las relaciones


familiares han cambiado de forma radical, para bien y para mal. A partir de que las fronteras


jerárquicas entre nosotros y nuestros hijos se han ido desvaneciendo, hoy los buenos padres son


aquellos que logran que sus hijos los amen, aunque poco los respeten. Si bien el autoritarismo


aplasta, el permisivismo ahoga.


Aunque parece existir un acuerdo en la sociedad en cuanto las expectativas respecto a la


educación de los jóvenes; formar ciudadanos útiles, responsables, competentes, comprometidos,


psicológicamente sanos, con un esquema valoral claro y una voluntad firme, no parece que


estemos de acuerdo en cómo lograrlo. Tanto padres como docentes enfrentamos el reto de


encontrar el equilibrio entre dos polos; como generación, durante la infancia, nos tocó


experimentar un estilo de autoridad que no se cuestionaba, padres, maestros y adultos en general


tenían esta investidura para nosotros. Sin embargo, como adultos la tendencia que mostramos


hacía los menores es permisiva, hemos manejado limites tan difusos y sobreprotegemos de


manera que les negamos la experiencia de aprender enfrentando conflictos y retos. Los niños y


jóvenes de hoy nos confrontan, retan, exigen, y parecen incapaces de asumir la responsabilidad


de sus actos y decisiones. Ahora tardan mucho más en ser productivos e independientes, en ser


adultos, con todo lo que el concepto implica.


Los niños necesitan percibir que durante la niñez estamos a la cabeza de sus vidas como líderes


capaces de sujetarlos cuando no se pueden contener y de guiarlos mientras no saben para donde


van. Sólo una actitud firme y respetuosa les permitirá confiar en nuestra idoneidad para gobernar


sobre sus vidas mientras sean menores, porque vamos adelante liderándolos y no atrás


cargándolos y rendidos a su voluntad.


Tanto en el ámbito familiar como en el escolar, la disciplina puede ser una estrategia muy útil


para encontrar este equilibrio y para desarrollar una serie de habilidades en los chicos que tienen


que ver con diferentes área formativas de tipo conductual, afectivo, social, cognitivo y valoral.


Resulta una guía muy práctica cuando se elige un método disciplinario cuyo enfoque tiene como


objetivo el desarrollo de la responsabilidad y la conciencia.


Pero, ¿cómo saber si la forma en la que reaccionamos ante las faltas de los menores son las


adecuadas para generar aprendizaje?. Nuestras reacciones generalmente están reguladas por


nuestra propia formación y personalidad. Nuestro esquema de valores y creencias son los


principales detonadores en nuestras intervenciones ante lo que nos parece incorrecto, inadecuado,


riesgoso.


Por lo tanto, un primer paso, es tener conciencia de cómo reaccionamos al disciplinar y por qué


lo hacemos de esa manera. Se mencionaran algunos de los errores más comunes que cometemos


al intervenir en cuestiones disciplinarias, esperando que sea un punto de partida para la reflexión


he identificar nuestra tendencia al actuar para empezar a modificarla.


Errores típicos que cometemos al disciplinar


• Actuar de manera extremista.


Shapiro (1997) menciona que la manera de ser de los padres es uno de los factores que influye en


el tipo de disciplina que se ejerce en casa y los aprendizajes que ésta genera en los niños. Por


otro lado, Schmill (2008) y Curwin y Mendler (2003) hablan de la influencia que tiene el estilo


docente en la forma de intervención y los efectos producidos en el aprendizaje formativo de los


alumnos. En ambos autores podemos resumir los estilos extremos; el autoritario y el permisivo.


En el estilo autoritario la disciplina está centrada en el adulto y basada en mensajes negativos


para los niños y jóvenes, se conduce imponiendo reglas sin justificarlas, no está dispuesto a que


se rompan y castiga si éstas no son cumplidas. Es poco tolerante, está cerrado al cambio, no


acepta que comete errores, no da libertad, es constante pero inflexible. La expectativa de los que


ejercen este tipo de disciplina es que los menores obedezcan sin cuestionar.


El aprendizaje que esto puede generar es que los niños y jóvenes no saben lo que se espera de


ellos, generalmente siguen las reglas por temor o por no tener otra opción pero no porque estén


convencidos de que es lo mejor o lo adecuado. Lo que puede conducir a; la total sumisión


(adultos poco constructivos y pensantes), a la rebeldía (malas relaciones familiares, problemas


con las imágenes de autoridad, abandono del hogar o alguna conducta de escape), a la doble


moral, a problemas de autoestima y/o socialización.


En el otro extremo, en el estilo permisivo, la disciplina está centrada en el menor. No hay reglas


concretas, si las hay no es necesario que se cumplan. Los que ejercen este estilo de disciplina son


capaces de modificar el ambiente con tal de complacer al menor, evitando que se enfrenten a


situaciones de conflicto. Es altamente tolerante, da libertad sin límites y es inconsistente con el


cumplimiento de las reglas. El deseo de las personas con este estilo es evitar conflictos con sus


hijos o alumnos.


El aprendizaje que esto puede generar en niños y jóvenes es que no saben que se espera de ellos,


dependencia hacía los demás (codependencia), no saber resolver retos puesto que nunca se


enfrentaron al fracaso, dificultad para tomar decisiones. De adultos suelen ser mediocres


profesional y económicamente.


Solución: encontrar el equilibrio siendo un estilo asertivo


El estilo asertivo vincula la disciplina entre los adultos y los menores, quien ejerce este estilo


maneja reglas claras y específicas y las justifica clarificando los valores prioritarios que se


desarrollan y manifiestan a través de su cumplimiento, permite la participación de los chicos en


la elaboración de algunas de las reglas y es flexible en algunos casos para el seguimiento de las


mismas. Motiva si las reglas son cumplidas más que castigar si no se cumplen, enfatiza las


habilidades de los chicos, los escucha, los respeta, es congruente y consistente utilizando


consecuencias que están relacionadas con la regla. Está dispuesto al cambio, acepta sus errores,


da libertad con límites, es constante pero flexible. Para este estilo enseñar a los chicos a


comportarse responsablemente tiene más valor que comportarse obedientemente, por lo tanto,


valoran más la formación de la conciencia que la armonía.


El aprendizaje que genera este estilo de disciplina es que los niños y jóvenes van aprendiendo a


enfrentar retos que los preparan para enfrentar los de la adultez, para ser capaces de plantearse


metas y persistir hasta lograrlas, ser responsables de su comportamiento y sus consecuencias,


discernir sus capacidades y limitaciones, actuar para modificar el ambiente cuando es posible.


• Aferrarse a conductas, regaños, estrategias que no dan buenos resultados.


Autores como Curwin y Mendler (2003), Rinn y Markle (1986) y Schmill (2006) enfatizan en el


cuidado que debemos de tener de no reaccionar bajo la influencia de una emoción intensa. El


enojo, el miedo, la culpa, provoca que reaccionemos de manera errónea y nos aferramos a ese


comportamiento una y otra vez aunque sea evidente que no está produciendo cambios en la


conducta del niño o joven. Tenemos los buenos deseos, la fantasía de que produzcan una


reflexión moral que llevará al cambio de conducta y los problemas se resuelvan, pero es una


esperanza pasiva que carece de acciones reales que modifiquen los resultados.


Solución: actuar de manera diferente si queremos resultados diferentes


Para la mayoría, el regaño, el sermón, el chantaje, pedir disculpas, incluso la reflexión, no son


suficientes para lograr el cambio conductual. La reflexión sobre lo que hizo, pedir disculpas por


el daño causado pueden funcionar bien, pero también es probable que el chico aprenda sólo a


decir lo que queremos oír o volverse muy competente para inventar excusas y disculpas pero


incompetente para modificar su proceder. Ninguna estrategia debe seguir utilizándose si no


provoca cambios, si no funciona, se buscan consecuencias adecuadas para la situación y el chico


en específico.


Para actuar de manera congruente con la situación se recomienda que tenga control sobre sus


propias emociones, conozca a sus hijos o alumnos para saber que puede funcionar con ellos, no


utilice siempre el mismo recurso al disciplinar, actué reconociendo que cada conducta tiene


importancia diferente y por tanto las consecuencias también. Evite actuar con demasiada firmeza


ante faltas sin importancia porque produce resentimiento o actuar con poca firmeza ante faltas


graves porque produce impunidad.


Schmill comenta que debemos ser muy cuidadosos al clasificar una conducta como grave, porque


solemos confundir lo que más nos molesta con lo grave y no necesariamente es lo mismo. Las


conductas graves son aquellas cuyas consecuencias son trascendentes porque ponen en riesgo la


integridad, que ponen en peligro real la vida, salud o libertad propia o de otras personas, toda


conducta que sea o pueda ser considerada un delito.


Cuídese emocionalmente, que no se convierta en hábito perder el control, evite gritar, regañar,


culpar, comparar, sermonear, esto le ayudará a tomar decisiones adecuadas para intervenir y


equilibrar la firmeza y la benevolencia al actuar ante las faltas cometidas por los hijos o los


alumnos.


• Utilizar premios y castigos


Todos los autores antes mencionados aseguran que utilizar premios y castigos no ayudan a los


niños y jóvenes a regular su conducta, ya que no les permite interiorizar el aprendizaje y


responsabilizarse de sus actos.


Solución: uso de consecuencias lógicas


El problema en el uso de los castigos es que muchas veces son desproporcionados y punitivos,


están desvinculados del acto que lo provocó y de la importancia de la falta, poniendo en riesgo


las relaciones afectivas, si bien pueden parar las conductas riesgosas o graves de golpe, a largo


plazo no producen aprendizaje. En el caso de los premios, el problema resulta también cuando


los otorgamos desproporcionadamente y los utilizamos como si se pagara por el buen


comportamiento y se vuelve más importante que la propia conducta, corriendo el riesgo de que


los chicos nos cobren por todo lo que hacen adecuadamente, como si nos estuvieran haciendo un


favor y el beneficio no fuera para y por ellos mismos.


Eso no significa que no se puedan dar cosas materiales a los hijos o alumnos, pero se recomienda


que no se otorguen como un premio, sino como una forma de celebrar los logros.


Curwin y Mendler (2003) aseguran que las intervenciones que generan aprendizaje y ayudan a


que los chicos a desarrrollar el sentido de responsabilidad es el uso de consecuencias lógicas.


Las consecuencias lógicas son sanciones vinculadas y proporcionadas a la falta, separan la


conducta de la persona, su objetivo es instructivo y ayuda a reparar el mal producido. Las


consecuencias lógicas ayudan a los menores a darse cuenta de la relación causa efecto, prevenir


lo que su comportamiento puede producir en el ambiente y responsabilizarse del mismo.


Ejemplo de algunas consecuencias lógicas son; si se ensucia, se limpia, si se copió la tarea se


vuelve hacer bajo supervisión, si no llegó a la hora indicada de un permiso de salida, pierde


derecho al siguiente permiso.


La disciplina no es sencilla, sobre todo si debemos romper esquemas y costumbres para lograr


los objetivos deseados. Los esfuerzos iníciales pueden ser imperfectos, pero la continua


aplicación del modelo conducirá tarde o temprano hacía resultados positivos.


 


Bibliografía


Curwin, R y Mendler, A (2003). Disciplina con dignidad. Iteso. México.


De la Mora, Claudia (2003). Disciplina en el aula. Volumen 2 de la colección Aula Nueva. SM


ediciones. México.


Rinn, R y Markle, A (1986). Paternidad positiva. Modificación de conducta en la educación de


los hijos. Trillas. México


Schmill Vidal (2008). Disciplina inteligente en la escuela. Hacía una pedagogía de la no


violencia. Serie educadores contemporáneos. Producciones Educación Aplicada. México.


Schmill, Vidal (2006). Disciplina inteligente. Serie educadores contemporáneos. Producciones


Educación Aplicada. México.


Shapiro, Laurence (1997). Inteligencia emocional de los niños. Javier Vergara Editor. Argentina.

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