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ENTRA EN LA ZONA GRIS Colegio Guadalajara

6-septiembre-2016
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ENTRA EN LA ZONA GRIS. Por Julio Cantera. Docente.


 


Mis años como docente iniciaron en una escuela de Cocula, Jalisco. En aquel entonces tenía a mi cargo al grupo de 6° de primaria, y menos experiencia de la necesaria para trabajar con un grupo de cuarentaycinco niños. Como para muchos principiantes, al final de aquel primer curso escolar sobrevivir había sido ya un logro enorme. Puedo decir, sin embargo, que aquel grupo de chamacos revoltosos fueron maestros tan valiosos como aquellos que tuve durante la universidad.


 


El trabajo cotidiano con ellos me enseñó los básicos de una enseñanza eficaz: llega bien preparado a clases, y prepárate para que tu plan no funcione; siempre es mejor recibir las críticas de tus alumnos con humor que con la solemnidad que requiere ser el único alumno dentro del salón; no hay nada de malo en dedicar alguna clase a hablar de cosas que le interesan a tus alumnos más que la materia que impartes; disciplina con firmeza, pero nunca denigres u ofendas a tus estudiantes; disculparte cuando cometes un error construye tu autoridad moral mucho más que simular que eres perfecto.


 


De entre este cúmulo de experiencias, atesoro una que me ha enseñado uno de los más grandes secretos de la docencia. Durante mi formación docente (soy Licenciado en Ciencias de la Educación) la influencia de hermanos maristas y lasallistas me había revelado la importancia de ser cercano a los estudiantes, especialmente a aquellos que tenían más problemas para aprender o para comportarse en clase. Siendo mi primera experiencia docente, tuve que ser muy cercano con la gran mayoría de aquel grupo maravilloso, no tanto por su dificultad para comportare, sino para suplir con entusiasmo mi impericia docente.


 


Sin embargo, la lección vino de donde menos lo esperaba. Uno de los mejores estudiantes del salón era, a la vez, un niño muy serio. Cuando yo contaba un chiste o resolvía con una broma alguna situación difícil dentro del salón, él se mantenía serio. No recuerdo haberlo visto sonreír durante todo ese año. Pero sus resultados eran tan buenos, que llegué a pensar que él podía caminar solo a lo largo del curso. Su seriedad me hacía sentirme un poco intimidado, lo mismo que sus excelentes resultados. Opté por estorbarle lo menos posible, y asumí que siendo distante lo incomodaría menos.


 


Años después me reuní con un grupo de aquellos mis primeros estudiantes. Una de ella trajo a la conversación al estudiante de quien les he escrito, y me dijo que en cierta ocasión le había dicho que lo había pasado muy bien durante aquel ciclo escolar, pero que le entristecía mucho que yo no lo hubiera tratado igual que a los demás, específicamente que nunca le hubiera dado ni siquiera una palmada en la espalda.


 


En cada uno de nuestros grupos descubrimos a alumnos con quienes congeniamos de inmediatos y que nos ayudan a sentirnos confiados, así como algunos cuantos que nos retan e incomodan. A los primeros les dedicamos nuestras mejores caras, y a los segundos tanta atención, que terminan siendo –en muchas ocasiones- los más cercanos a nosotros. Pero siempre hay algunos cuantos alumnos que interactúan tan poco nosotros que apenas los notamos. No dan problemas, pero tampoco destacan en la clase. Y ese grupo tiende a volverse invisible para nosotros.


Tengamos cuidado especial en ser quienes toman la iniciativa para establecer una relación constructiva y formativa. Somos una influencia muy importante para nuestros alumnos. Para todos ellos, independientemente de la forma como nos lo retroalimentan. Y para muchos de ellos un gesto de empatía se convierte en un trampolín de autoestima y confianza que les permite crecer y empezar a desarrollar al máximo su potencial.



Revisemos nuestra lista de cada salón. Identifiquemos a aquellos alumnos que habitan esta “zona gris” dentro de cada grupo. Y tomemos la iniciativa de acercarnos, interesarnos por su trabajo y su vida. No sabemos en qué momento podemos cambiar la vida de un adolescente con uno de nuestros gestos de cercanía.

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